COVID-19 y Medio Ambiente: una oportunidad sin precedentes

La crisis del coronavirus se está hablando en todos los idiomas e inevitablemente, está dejando muchos interrogantes. Es la peor amenaza sanitaria y social a escala mundial de las últimas décadas y nuestro sistema se está tambaleando.

Tres meses antes de que todos los españoles tuvieran que confinarse en sus casas, Madrid acogía la COP-25 y  ponía sobre la mesa los desafíos climáticos a los que nos enfrentamos bajo el lema: “Ya es tiempo de actuar por el planeta”.

En ese momento, no sabíamos que la calidad del aire de las ciudades más contaminadas del mundo, iba mejorar drásticamente por la paralización de fábricas, tráfico y vuelos, entre otras cosas, ni que los gases efecto invernadero iban a reducirse, en algunos casos, hasta la mitad.

Entidades como la Organización Meteorológica Mundial (dependiente de la ONU) o Greenpeace alertan de que esta realidad “no sustituye la acción climática coordinada”. A pesar del respiro que le hemos dado al planeta durante el confinamiento, la realidad es que el último lustro ha sido el más cálido desde que se registran las temperaturas.

Desde hace años los expertos coinciden: el cambio climático es la peor amenaza del siglo XXI. Es el último escalón en nuestra relación dañina con la naturaleza y repercute directamente en nuestra salud y evolución como humanidad.

Para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, la caída del dióxido de carbono (principal causante del cambio climático) debería ser del 7% y prolongarse durante décadas. En estos últimos meses, ha caído un 6%.

Esto nos hace pensar que, aunque un cambio es posible, debemos tomar medidas urgentes para no vernos avocados de nuevo a una situación para la que no estamos preparados.  Está en nuestra mano reactivar la sociedad de una forma responsable.

¿Cómo ha influido el COVID-19 en la moda?

El coronavirus ha llegado en un momento en el que las secuelas de la crisis de 2008 todavía no se habían superado en este sector a nivel mundial y, en especial, en España. Para que nos hagamos una idea: la facturación y el número de trabajadores había disminuido en un 25% con respecto a 2007.

Cada semana que pasamos de confinamiento supuso una pérdida de entre 250 y 300 millones de euros para los comercios de moda. No solo han dejado de facturar, ya que la venta online no ha podido mitigar el golpe, si no que continúan pagando gastos fijos como sueldos, alquileres, inventario, etc. Esto supone que, según estimaciones de BGC, el comercio de la moda perderá en 2020 alrededor del 40% de sus ingresos.

Estas cifras inspiran la necesidad de una reconversión del sector, que abrirá sus puertas con pérdidas millonarias. La solución no pasa por acelerar el consumo, seguir alimentando la industria no respetuosa con la naturaleza o rebajar las prendas a gran escala, como van a hacer muchas firmas. Si regresamos a ese modelo, los efectos positivos para el medio ambiente del confinamiento, tendrán un efecto rebote muy perjudicial para el planeta.

Ahora o nunca

2030 es la fecha límite para evitar un desastre porque, si seguimos así, la temperatura habrá aumentado 3ºC para entonces, lo que supondría una “catástrofe mundial”, de acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC).

La realidad es que la desescalada del confinamiento es una oportunidad sin precedentes para introducir medidas inclusivas que respeten el medio ambiente, según el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres. Por eso, la cooperación entre países y el compromiso de todos ellos, se presenta como una pieza fundamental para hacer real un cambio urgente.

Algunas de las propuestas de la ONU para esta transición son:

  • Destinar los fondos de recuperación de la COVID-19 a crear nuevos empleos y negocios mediante una transición limpia y ecológica.
  • Invertir solo en el rescate de empresas “verdes”.
  • Finalizar los subsidios a combustibles fósiles.

A pesar de las medidas que se puedan tomar, no debemos perder de vista que la lucha contra el cambio climático no es posible si nosotros, como personas individuales, no modificamos nuestros hábitos en el día a día. 

Desde RRROAD, os proponemos cinco pequeños gestos para hacer esta “nueva realidad” más sostenible:

  1. Calidad sobre cantidad

El mundo genera más de 240 millones de toneladas de residuos al año, de las que menos de un 20% se reciclan. Puedes marcar la diferencia reutilizando materiales porque, aunque recicles, los procesos ya emiten dióxido de carbono.

Además, es importante darle una segunda vida al agua y usar la menos posible.

Su escasez afecta al 40% de la población mundial.

  1. Muévete

Después de meses de confinamiento, ¿de verdad vas a coger el coche?

Es el momento de caminar, ir en bicicleta o usar el trasporte público. Mantienes tu ciudad limpia y aprovechas para recuperar la forma.

  1. Larga vida a la ropa

La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, solo después de la alimenticia desde que se ha impuesto la fast-fashion. Esto convierte a tu armario es un elemento clave en la lucha contra el cambio climático.

Te proponemos varias cosas a tener en cuenta:

– Fíjate en las garantías de sostenibilidad en los procesos de fabricación que dan las marcas antes de comprar. Nosotros te proponemos un barómetro de medición.

– Invertir es ganar. El material determina la vida útil de la prenda y aunque te salga un poco más caro, al final compras y gastas menos.

– Lava la ropa solo cuando sea necesario, se estropea menos y ahorras agua y electricidad.

– Pon la ropa húmeda al sol en vez de usar secadoras .

Te damos más tips en nuestra guía de uso.

  1. Intenta consumir menos carne

La producción de carne roja emite más gases de efecto invernadero que el pollo, frutas, verduras y cereales.

  1. Abajo el plástico

Lleva tus propias bolsas de papel a la compra y fíjate en las marcas que apuesten por envases libres de plástico, es un hábito fácil de coger y con una repercusión directa.

Con todo ello, te invitamos a sumarte a una nueva forma de concebir el consumo. Es el momento de preocuparnos por la procedencia de la ropa que compramos, de exigir que se haga de forma respetuosa con el medio ambiente y con todas las personas que participan en su proceso de fabricación y distribución, además de cuidar cada una de las prendas que compramos.

Que esta pandemia nos haga abrir los ojos y ser más conscientes de nuestra huella en el mundo para que, entre todos, creemos una sociedad más justa y respetuosa con el planeta.